Así como llegaste,
te fuíste.
Como una ráfaga de luz,
como un sonido de tren cualquier tarde,
como un eco lejano...y efímero.
Caíste sobre mí
cuando se esfumaban mis días antiguos.
Al despedir la triste sombra
de mi viejo dolor.
No pediste permiso,
ni diste aviso alguno.
Y yo no supe emitir palabra...
(creo que no sabía que decir).
Bautizar las nuevas tardes
develar los otros nombres
invitar a las nuevas sonrisas...
Pudiste eso, pudiste con casi todo.
Y antes que lograra
dar las vueltas de las páginas
(de esta novela sin otoño)
te marchaste por una calle gris
en una noche ya demasiado visitada
por la dama de la melancolía.
Ahora recorro el silencio
que parece infinito.
(Bastaría una mirada...)
Sin embargo,
mis ojos, aunque buscan,
ya no encuentran tus ojos.
Wednesday, May 21, 2008
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