La chica, serena, se levantó ese día, como otros tantos, y respiró el aire nuevo.
Todo estaba determinado, escrito, anunciado.
Nada debía cambiar la rutina, (porque la rutina es el refugio gential para los que le tenemos miedo a la vida).
Pero aquel día, las casualidades
(malditas casualidades)
se complotaron, y devolvieron a la chica a su caos habitual.
Todo retornó, como si los detalles jamás hubieran olvidado el camino de regreso.
Y volvio la sonrisa, la mirada impaciente, el silencio antiguo.
Todo cayó de repente, como si nunca se hubiera ido.
Y la chica durmió, esa noche, con el caos otra vez incrustado adentro, muy adentro.
(Alguna vez quisiera despertar
con la certeza de que te fuiste para siempre
y sin la duda insistente envolviendome todo el cuerpo)
Se rogó, a si misma,
y le rogó.
*
[Creo que nadie me lee, apenas yo misma.
Me basta con eso, y con que nunca sepas que te escribo].
Saturday, June 07, 2008
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